Historia del Portalon Barcelona

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Historia del Portalon Barcelona *

En 1958, año que marcaría el inicio de la transición hacia el desarrollismo económico en España, dos jóvenes abulenses, Gabriel López Berrón, de 22 años, y su amigo Félix, decidieron partir hacia Barcelona en busca de un futuro mejor. Con las escasas pertenencias que podían transportar en una motocicleta Vespa y tan solo mil quinientas pesetas en el bolsillo, se despidieron de su ciudad natal, dejando atrás, entre otros, a Sofía Fernández Martín, quien posteriormente se convertiría en la esposa de Gabriel. Este viaje, como el de muchos otros jóvenes de la época, ilustra el éxodo rural que caracterizó a la España de mediados del siglo XX, en la que la industrialización y el crecimiento de las ciudades atraían a la población en busca de nuevas oportunidades.

El carácter emprendedor y generoso de Gabriel López Berrón pronto le abrió las puertas de un empleo en un establecimiento histórico de Barcelona: El Portalón. En sus orígenes, este local abastecía de leche y hielo a los vecinos del Barrio Gótico, para más tarde ofrecer, de forma ocasional, comidas sencillas y caseras. Fue allí donde el joven abulense se inició en el oficio de la hostelería.

Con el tiempo, y bajo la dirección de Gabriel y Sofía, El Portalón se forjó una identidad propia, convirtiéndose en un refugio para artistas, pintores, escritores, músicos, escultores, joyeros y viajeros. Mentes creativas e inquietas que propiciaron encuentros multiculturales entre personas venidas de todos los rincones del país.

Personajes célebres como los pintores Pera Pruna, Picasso, y Manuel Blesa, o el músico Miquel Caravalls, fueron asiduos al local. Cabe destacar la afluencia del Gremio de Anticuarios, que convirtieron a El Portalón en un referente del sector y en su punto de encuentro habitual. Hasta nuestros días ha perdurado la Penya dels Maranyants, una tertulia constituida en la década de 1950 que tiene su sede y punto de reunión en el establecimiento.

Gabriel y Sofía trabajaron juntos durante décadas, transmitiendo a sus hijas, Victoria y Mónica, la importancia de la familia. A ellas, a quienes adoraban, las educaron en la humildad y el esfuerzo para que tomaran el relevo del negocio familiar que habían creado, cuyo epicentro sigue estando en el Barrio Gótico: El Portalón.